Culpar a los demás

Hay muchos que, al pecar o al recibir una injuria, echan frecuentemente la culpa al enemigo o al prójimo. Pero no es así, porque cada uno tiene en su poder al enemigo, o sea, al cuerpo, con el que peca.

Por eso, dichoso aquel siervo que a tal enemigo, entregado a su poder, lo mantiene siempre cautivo y se defiende sabiamente de él; porque, mientras haga eso, ningún otro enemigo visible o invisible le podrá dañar.

San Francisco de Asís. Adm. 10